Una herramienta de trabajo de la Cátedra de Procesamiento de Datos. Carrera de Comunicación, UBA.
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MySpace vs Facebook. Cuando el mundo real irrumpe en el virtual.

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    Hace casi un año sin remotamente imaginar que nos embarcaríamos en este Proyecto publiqué en mi weblog alma mater Filosofitis, esta glosa crítica y complementada de un artículo seminal de Danah Boyd. Releyéndolo hoy, para usarlo como base para una nota que saldrá en una revista española, encontré aquí muchas facetas y cuestiones que atraviesan las dimensiones del proyecto, y que tienen suma actualidad.

Conceptos vacíos, intuiciones ciegas

El ciberespacio está que arde. La Web 2.0 ya es una denominación que no dice nada, dada la profusión de nuevas aplicaciones y la cantidad de funcionalidades que cada día se suman a las preexistentes. Prometen tanto o más de lo que cumplen, generan comunidades de práctica cada día más numerosas, pero también cada vez más fragmentadas; suben al podio del ganador del día a una empresa o circuito que desaparecerá de la faz de la Tierra un mes más tarde, disparan titulares acerca de compras, valorizaciones y ventas multimillonarias en dólares, que finalmente terminan en una prosa mayestática o en una ignorancia supina.

Ahora bien: hay gran contraste entre la densificación creciente de lo real (virtual) y la pobreza del aparato analítico, sustituido por meras anécdotas y autobombo de la comunidad Web 2.0. Es significativo cuando ocasionalmente un autor o colectivo, un investigador o un analista de fuste pone fin esta blableta tautológica que ha encontrado en los weblogs a su nido indiferenciador. Por ello, acudiendo a una etnógrafa de las redes, trataremos de poner algo de sentido en movimientos y migraciones que en ausencia de un marco interpretativo aparecen como aleatorios e inmotivados. E intentar comprender hábitos y rutinas de adolescentes y jóvenes; procesos posibles de formación de comunidades y de construcción del conocimiento.

A mediados del 2007 Danah Boyd –a quien conocí personalmente a fines del 2006 en un seminario en la Annenberg School– se despachó con un paper Viewing American class divisions through Facebook and MySpace tan pretencioso como inesperado.Primero sinteticemos sus hallazgos. Según Danah, el punto de partida de sus observaciones fue la proliferación de noticias periodísticas que hablaban de una migración masiva e imparable de adolescentes del secundario que abandonaban a MySpace, la joya de la corona de años anteriores, pasándose en masa a otra de las aplicaciones estrellas de la Web 2.0, Facebook.

Una migración inexplicada

Si bien esta movida hoy no es tan clara ni homogénea, lo que se puede ver con cierta claridad a la distancia de un año es que está habiendo una migración no sólo de Myspace a Facebook sino también en sentido inverso. Y que el determinante de una u otra dirección no es otro que la clase socioeconómica a la que pertenecen los cibernautas que en bandada van de un sitio al otro.Cuando MySpace apareció en el firmamento en el 2003, su target estaba compuesto por los jóvenes de 20 a 30 años, como había ocurrido previamente con Friendster. Las bandas empezaron a apersonarse en el ciberespacio desde principios y a lo largo de todo el 2004, mientras que la edad promedio de los participantes iba bajando correlativamente. No fue sino hasta ese año, y más aún el 2005, cuando MySpace se convirtió en el refugio de los adolescentes de las escuelas secundarias.

Facebook por su parte se lanzó en el 2004 como un sitio exclusivamente ligado a los habitantes de Harvard. Primero se abrió a otros usuarios provenientes de cuentas .edu. A mediados del 2005 le dio lugar a los estudiantes secundarios, pero para entrar había que recibir previamente una invitación. Así las cosas, los universitarios invitaban tan sólo a los secundarios que les caían bien. En poco tiempo las reglas del juego quedaron en claro: Facebook estaba ligado al mundo universitario.

Cuando en septiembre de 2006 Facebook se abrió totalmente, cualquier alumno secundario podía ingresar en sus filas, lo que consternó a la elite universitaria. Por otro lado, una cobertura periodística de MySpace como un lugar peligroso y marginal autoexcluía a los “chicos buenos”. El tiempo iba pasando y de pronto quedó claro que la segregación por herramienta estaba ligada nada más y nada menos que a la estructura de clase.

Dime donde ciberestás y te diré quién eres en el mundo real

Según Nalini Kotamraju –citada por Boyd– las divisiones de clase en los Estados Unidos están más ligadas a los estilos de vida y a la estratificación social que al nivel de ingreso. Sobresimplificando los argumentos de ambas damas queda claro que los chicos buenos van a Facebook, son la sociedad hegemónica, son mayoritariamente blancos, tienen las mejores notas, sólo piensan en su baile de graduación y viven en un momento regido por las actividades extracurriculares.

MySpace sigue siendo el hogar de los latinos y de los hispanos, de los inmigrantes adolescentes, chicos alternativos, punks, pandilleros, raros y cualquiera que no esté en el cuadro de honor. Se trata de chicos cuyos padres no fueron a la universidad, y tampoco se esperaba que ellos lo hicieran. Muchos son chicos que esperan entrar en el ejército apenas terminen el secundario.

Estéticas contrastantes

La propia blogosfera refleja esta divisoria insistiendo en cierto carácter grosero de MySpace confrontando con una estética apolínea de Facebook. El diseño limpio de Facebook está íntimamente asociado a Pottery Barn o el diseño nórdico, mientras que MySpace se asemeja mucho más a Las Vegas y sus decenas de millones de visitantes anuales, rudos y bárbaros.

Parafraseando e invirtiendo el dictum freudiano (sexo es destino) podemos decir aquí que el destino es diseño. Si bien dentro de cada categoría existen subcategorías (el look & feel de los latinos es muy distinto del de los emo teens = fanáticos de la música indie, que prefieren layouts simples en blanco/negro y gris), no hay duda de que los usuarios de MySpace valoran, frecuentan y usan colores, formatos, gráficas y representaciones bien opuestas a los de Facebook, además de que existe un conocimiento muy asimétrico de uno y otro sitio. Si bien todos los usuarios de Facebook saben de la existencia de MySpace (y muchos la detestan) la inversa no es cierta.

Los chicos bien, en el lenguaje reduccionista y simplista de esa edad y ganas, ven a MySpace como al lugar adonde van los malos, y viceversa. Buenos y malos son los términos escuetos y poco sutiles con los que estas tribus definen su pertenencia y la mentan con igual candor. Pero al mismo tiempo hay una elección consciente y una resistencia por parte de los grupos subalternos de grandes franjas de MySpace a ser cooptados por los valores apolíneos y los mandatos de clase de los que mandan.

Endogamia y autoselección

El carácter endogámico de cada comunidad se manifiesta crecientemente. Los chicos de extracción baja que están en MySpace no conocen gente en las universidades. Es más que probable que conozcan a gente universitaria más grande que ellos, pero sus amigos, primos y compañeros de trabajo están masivamente en MySpace. Y por eso ellos eligen esa comunidad virtual para desplegar sus identidades.

Este tipo de dipolo tiene sus correlatos en otras comunidades y subgrupos. Los militares, por ejemplo, que en los EE.UU. son una enorme familia con más de 2 millones de integrantes directos. Así mientras que MySpace es el casino virtual de los soldados, Facebook lo es de los oficiales. Por eso no sorprende tanto que las Fuerzas Armadas hayan prohibido a mediados del 2007 el uso de MySpace pero no así el de Facebook.

La razón de esta prohibición es compleja. Se creerá tal vez que los soldados rasos son más propensos a revelar información confidencial peligrosa, pasando demasiado tiempo en linea o comiéndose todo el ancho de banda. Pero quizás la razón es nuevamente más clasista e ideológica que técnica.

En su exhaustivo estudio de perfiles de los soldados Boyd descubrió al inicio del estudio características nada celestiales. Se trataba de bandas enteras de soldados proguerra, proarmas, antiárabes, antimusulmanes, proasesinato y xenófobos como el diablo. Pero en el curso del último año los perfiles se están ablandando y son muchos los que están vociferando en el espacio virtual su confusión, descontento e incomprensión de su rol en Irak. Publicidad muy negativa para un gobierno al que no le gusta de que los trapitos se ventilen fuera de casa.

Su hipótesis es entendible. La prohibición de MySpace proviene del interés del ejército norteamericano por impedir que los soldados que están en el frente cuenten sus vivencias de primera mano a los potenciales reclutas pobres que deberían seguir sus pasos, pero que ante noticias tan desalentadoras seguramente no verán su potencial reclutamiento con el heroísmo y la posibilidad de ascenso social que en ausencia de este canal de comunicación informal podría haber funcionando satisfactoriamente

Boyd es una persona brillante, y así como ha dedicado miles de horas a entrevistar, tabular, recorrer perfiles y tratar de darle un sentido a lo que los periodistas de la blogosfera simplemente alaban acríticamente y celebran como un triunfo del activismo virtual per se, es ella misma la primera en declararse insatisfecha por el aparato conceptual con el que lee estas diferencias, por el vocabulario rudimentario con que quiere definir los dipolos pero, sobre todo, por la molestia en las tripas que genera darse cuenta de que algo importante está pasando pero no sabemos exactamente (todavía) de qué se trata.

Más allá de sus limitaciones, el punto al cual ha llevado nuestra mirada debe ser cuidadosamente ponderado. La división acerca de la pertenecia confrontativa entre MySpace y Facebook es una nueva demostración de cómo la tecnología es un espejo de los valores sociales y no como se dice muy ingenua y antisociológicamente por ahí, el lugar en donde las distinciones de clase y socioeconómicas mágicamente se disuelven en el aire. No todo el año es Navidad en internet, ni los pobres en el reino real se convierten en los ricos del virtual por mera alfabetización digital.

El destino es la estética y viceversa

Las conclusiones de esta primera incursión en las divisorias de clase institucionalizadas virtualmente son sorprendentes e irritarán a más de uno.Así como cualquier adulto de clase media cruza la calle cuando una banda de jóvenes “a lo Redondos de Ricota” se les acerca, sobre esa estética inaceptable se proyectan los peores pronósticos. Una vez más el destino es la estética y viceversa.

Lo sabemos en América Latina: recientemente trabajos como los de Rossana Reguillo, Alejandro Grimson, Cristian Alarcón, Maristella Svampa –más allá de su retórica autombombística– revelan que hay que tomar con muchas pinzas esta idea de que los chicos buenos son realmente buenos y de que la partipación en Facebook, correlativamente, es buena. Y también a la inversa.

Inesperadamente estamos redescubriendo lo obvio –aunque en el caso latinoamericano el contraste es más extremo, lo mismo vale, y sobre todo con la expansión creciente del acceso a lo virtual por parte de todos los estamentos de la sociedad real–: las divisiones de clase son cada vez más pronunciadas y se proyectan y encarnan en los estratos juveniles. ¿Y qué mejor lugar para ver cómo operan estas divisiones que en la elección por parte de los distintos estamentos juveniles de sus formas y tipos de pertenencia en el mundo virtual? Uno de los primeros lugares que muestran con precisión quirúrgica estas adscripciones es la elección de pertenencia a Facebook por un lado y a MySpace por el otro.

Como bien dice Boyd, resulta increíble –nosotros reforzamos la apuesta e insistimos en que es asimismo inadmisible– la cantidad de presuposiciones ingenuas y frívolas que rodean las conceptualizaciones de internet (para un análisis renovado y llamativo en esta desnaturalización acerca de los prejuicios con que leemos los procesos en Internet, consultar de Edgar Gómez Cruz Las metáforas de Internet, Editorial UOC, 2007).

Nos tomamos tan en serio las ingenuidades y los ideologemas libertarios de internet (a menos que hayamos leído e introyectado como corresponde a Lawrence Lessig, en especial el que escribió Free Culture, aunque casi nadie lo ha hecho y al resto le importa poco y nada) que los análisis de Boyd nos parecen extemporáneos y excéntricos, cuando basta abrir un poco la mirada y salirnos de las ecuaciones infantiles del tipo “tal es tecnología”, “tal no es tecnología” para tener que barajar y dar de nuevo.

Cuando las redes sociales plantean problemas sociológicos

Hubo un tiempo en que los diarios argentinos se llenaban de alegría transmitiendo los peligros y las amenazas provenientes de la red. Hoy hay campañas permanentes que demonizan la sobreexposición a la pornografía y la construcción de comportamientos psicóticos o socialmente amenazadores (asesinos seriales) que anuncian sus futuros crímenes.

En el medio están los jóvenes y adolescentes golpeados por modelos de identificación que en el caso de los de clase media/alta los llevan a comportamientos bizarros cuando no vandálicos, y en el de los de clase baja a autoidentificaciones con sus grupos originales de pertenencia ante del riesgo de que el ascenso social sea tan sólo una ilusión, primando consiguientemente los lazos originales de pertenencia y forzando la inmovilidad social.

Esta tesis fue utilizada por Paul Willis en Learning to Labor: How Working Class Kids Get Working Class Jobs en los años 70, donde analizó la dinámica de la juventud de la clase trabajadora en Inglaterra, y hoy Boyd lo redescubre –y lo perfecciona mostrando su validez– en la elección de afiliación en las redes sociales.

Por supuesto que la juventud de hoy corre infinitos peligros y está amenazada como pocas veces antes, pero ello no se debe a la existencia de tales o cuales redes sociales. El problema está en la estructura real de las sociedades de clases, que en vez de disolverse mágicamente en su trasvasamiento a lo virtual no hacen más que condensarse y potenciarse. (Para un análisis muy en serio de estos temas ver de Dany-Robert Dufour El arte de reducir cabezas. Sobre la servidumbre del hombre liberado en la era del capitalismo total, Paidós, 2007).Y al revés –y contradictoriamente– las cosas podrían ir infinitamente peor sino fuera que muchas redes sociales funcionan como paliativo y como morigeradoras.

Porque efectivamente los adolescentes las están utilizando para crear comunidades y para vincularse con sus pares, mas allá de los guetos geográficos. Pero sumando lo bueno y lo malo, lo peor que se puede hacer con el racconto de estas sagas y con el inventario de las infinitas alternativas tecnológicas que emergen a diario es ignorar que la tecnología está revestida por una costra social de una profundidad y pregnancia raras veces advertida.

Porque quienes conocen en cierto detalle las derivas sociotecnológicas hace rato descubrieron que la popularización de Orkut en India sirvió para el refuerzo del sistema de castas y no para su abolición o cortocicuiteo. Y otro tanto pasó con su difusión en Brasil, aunque por otros motivos.

Yendo más lejos/cerca que Boyd

Por otra parte debemos despegarnos en parte del humus sobre el cual se asientan los análisis de Boyd. Porque si bien a ella puede sorprenderle que las visiones de clase, de estilos de vida o socioestructurales pervivan en el ciberespacio, a nosotros los latinoamericanos, que vivimos atravesados por estas divisorias y que hemos exagerado el uso de las categorías marxistas tradicionales para analizarlas, no nos parece tan sorprendente ni curioso que ocurran estas discontinuidades (de hecho el fabuloso trabajo de Castells, Fernández y otros Comunicación móvil y sociedad. Una perspectiva global muestra hiatos parecidos en el uso de celulares).

Para terminar, nos sorprende y agrada la aceptación por parte de Boyd de la inexistencia de un lenguaje para retratar adecuadamente estas derivas socioculturales y su impotencia en cuanto a avanzar más allá de estas intuiciones generales y en algún sentido previsibles, pero rara vez aplicadas a este objeto.

Lo cierto es que esta facetación de los públicos, esta segmentación de las audiencias y la capacidad de alcanzar con harta precisión estos targets es el abc de todo marketinero que se precie y de los políticos capaces de controlar a las poblaciones según sus redes de intercambio. Lo que no es menos cierto es que ni los trabajadores sociales ni mucho menos los educadores han podido avanzar licuando estas diferencias, suavizando las discontinuidades y tratando de establecer puentes entre generaciones digitales enfrentadas.

Paradójicamente, con lo que estamos lidiando aquí no es tanto con el molesto dipolo nativos digitales vs. inmigrantes digitales (tema que trataremos en editoriales por venir) sino con un dipolo mucho más complejo y taimado cual es el que separa a los nativos digitales hegemónicos de los nativos digitales subalternos.

Revisando algunos análisis de Castells, aprendiendo de los trabajos de Danah Boyd, rescatando exquisitos artículos publicados en First Monday y profundizando muchisimo más en los estudios de Eszter Hargittai como Whose Space? Differences Among Users and Non-Users of Social Network Sites. http://jcmc.indiana.edu/vol13/issue1/hargittai.html, lo que vemos emerger es una sociología de lo virtual que está sólidamente enancada en las distinciones tradicionales del mundo real: abajo/arriba, hegemónico/subalterno, marginal/trivial, ricos/pobres.Hoy predomina la cultura del miedo. Nos faltan categorías pero las divisorias tradicionales se agigantan y profundizan en el ciberespacio.

Todavía algún ingenuo tardío se apoya en el chiste canónico de que en internet nadie sabe que somos un perro. Y sin embargo es tan fácil detectar los orígenes de clase viendo las herramientas que usamos. Puede que todos seamos perros pero algunos somos tajuntapul (juntapulgas) y otros perros de raza, últimamente remixados entre sí tal como corresponde a estos tiempos que estamos viviendo) Tamaña contradicción merecía ser sacada a luz.

Debemos al talento y a las miles de horas de culo-silla y de entrevistas on the road de la autora que se nos obligue a revisar nuestros prejuicios tradicionales, pero mucho más a ayudarnos a inventar a la brevedad nuevas categorías para llevar a mejores alturas y profundidades estas distinciones emergentes.

Referencias

Una autodescripción y minibiografía de Danah Boyd incluyendo su metodología y las horas de culo-silla y entrevistas on the road realizadas para llegar a estas conclusiones preliminares.

Su weblog, que ya cumplió 10 años (así que si hablamos de precursores, porque los nuestros tienen cinco, en realidad somos víctimas de nuestros propios chistes).

Sus papers (cerca de tres decenas en pdf, html y un par de ppt, además de un par de instalaciones y varios proyectos de páginas web).

Lo que Danah Boyd lee y le ayuda a pensar/hacer Post original

Categorías Arquitectura, Comunidades Virtuales, Dimensiones de análisis, Ensayos, Identidad, Política

3 comentarios

1 Christian { 02.26.09 at 19:11 }

Interesantísimo esto. La división entre Facebook y MySpace parece similar a la existente entre los Eloi y los Morlocks de La máquina del tiempo de H.G.Wells, sin entra en un perfil basado en Marx, ya que la cosa se vuelve mucho más compleja (o no tanto, para el grupo de paleomarxistas).

2 Contextos emergentes en arquitecturas variables: la retórica de Facebook en clave redológica. Un análisis de caso. | Digicom { 08.03.10 at 19:00 }

[...] acerca de que tales arquitecturas subtienden comunidades. Habría que examinar en algun momento la paradójica expansión de Facebook a caballo de las promesas de una comunidad cerrada (hoy un tanto abandonadas por los delirios [...]

3 DONALD { 09.07.10 at 15:24 }


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